martes, 22 de enero de 2019

Titanio y sangre

El mismo tipo que tropezó con la pieza de titanio, bajó a prisa las escaleras; las mismas escaleras que se llenaron de sangre el día del gran examen, sí. Efectivamente, la nueva pieza también era de titanio pero las escaleras estaban secas y el tipo no tropezó. Sin embargo, llevaba la sangre inyectada en los ojos. De nuevo, se aproximaba el gran examen frente a las subesferas congeladas. Pero ocurrió lo imprevisible: la sangre caliente salió de los ojos marinos del tipo; los allí presentes no dieron crédito pero estaba ocurriendo: la sangre, suspendida en el aire, avanzó hasta el cuadro donde estaban dibujadas las subesferas de aquel calibre B01 y las derritió hasta el punto de convertirlas en una viscosa pasta. El examen fue calificado por los asistentes: matrícula de honor y un plus de desgaste emocional, pues tras la sangre ardiente llegó el frescor marino de lo que no orinó.


4 comentarios:

  1. Después de tanto tiempo, me cuesta encontrarme con el escorpión, te he leído un par de veces y me quedo con el final. Un abrazo

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  2. Inquietante, Jorge. Es cuando se piensa que la vida (y la muerte) pueden ser aún más complicadas de lo que sospechamos.

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  3. Muchas gracias por vuestros comentarios, Ester y Esteban, da gusto regresar al blog.

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  4. ¡Hola! Me ha encantado leerte y descubrir tu blog, me encanta este tipo de entradas en donde uno muestra sus escritos, genial, tienes un seguidor más ;D

    Saludos desde: https://irresistibleleer.blogspot.com/

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